Cr. Luis Alberto Dalcol, 03/2019

En una simplicidad, nuestros economistas se parecen cada vez más a historiadores y/o pronosticadores que se encargan del pasado y del futuro. De narrar lo que sucedió, y de sus causas (que no previeron); y, de adivinar que pasará (que luego contrasta con la realidad). Los que han sido actores directos no asumieron responsabilidades sobre el presente, solo explican - con abundantes salvedades - sus pasos por la función pública.

Hace más de 70 años - después de la segunda guerra mundial - que se viven similitudes. Se suceden crisis de variados matices que terminan en una misma estación, en un mismo fin. En el descrédito y en abruptas devaluaciones. A nuestra moneda ya se le han sacado 13 ceros. Pareciera que por sus resultados, en cuestiones de economía, las políticas de gobierno se hubiesen tomado como políticas de Estado.

En este derrotero y a modo de ejemplos - en los últimos tiempos - descollaron, Álvaro Alsogaray con sus inviernos, Celestino Rodrigo en 1975, en 1981 Lorenzo Sigaut, en el 1989: Sourrouille, Pugliese, RodrÍguez. Disputaron paternidad de programa, Menen y Cavallo, y gestaron el corralito de 2001. Lo posterior y la actualidad no desentonaron.

PAISAJES PASADOS Y PRESENTES

Desde entonces, nuestro país - para retener dólares - reemplaza importaciones por producción nacional. Mas, siguieron faltando dólares, porque los dólares se consiguen con exportaciones; y, para exportar se necesita importar. No se apostó a crecer en un comercio exterior armónico, que importe y que exporte; procurando que la balanza comercial sea superavitaria o cuanto menos equilibrada.

Se sumaron errores de crecimiento en el gasto público generando una abultada dimensión del Estado. Así se emitió y endeudó en demasía y se priorizó la cuestión financiera. Actualmente los bancos tienen rentas en dólares que no proporciona otra jurisdicción en el mundo. Parten de dólares que cambian a pesos, suscriben letras (Leliq) al 60/70 % que solo ellos pueden suscribir, calzan los dólares con mercados a futuro para regresar con rentas exageradas a dicha moneda. Este costo lo paga la economía real, es decir el que trabaja y crea bienes. El inversor externo no viene porque no quiere compartir esos costos. Nuestro país ha sido una jurisdicción excelente para negocios financieros.

ACORDAR OBJETIVOS

En continuidad con las generalizaciones, se observa que la política hace acuerdos para obtener el poder, para ganar elecciones. No se hacen acuerdos de objetivos para solucionar los problemas de fondo, para el bien de la República; y, para que el ganador los cumpla con el apoyo de todos. Cada parte piensa en sus intereses, no en los del conjunto, porque la posición de gobierno acarrea beneficios particulares, sectoriales, que seducen (solo los gastos reservados de la A.F.I. - sin obligación de rendir cuentas - aproximan $ 8.000 millones).

Esta distracción, que confunde, subestima al electorado y no favorece al país.

Si no se cambia el enfoque es probable que tampoco cambie la situación.

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