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25 de Mayo 1008

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Cr. Luis Alberto Dalcol,

Cuando se administran recursos públicos se pone atención a los problemas que  afectan a la economía, para disminuirlos o erradicarlos. Nuestra economía, en su generalidad, ha mostrado alguna mejora; mas  continúa en tensión. Para limitar el análisis a este espacio, solo se hace referencia a cuatro temas: el marco político,  el  riesgo país, la empresa local y la inflación.

Por la interrelación entre la política y la economía, no puede evitarse esta cuestión. El año pasado la ayuda de Trump  fue fundamental para superar la crisis previa a la elección de medio término.  Continúa la buena relación y el   apoyo anímico. No el aporte real, económico; se ha detenido por los  límites que impusiera  el Congreso americano. Por otra parte, en nuestro Congreso – con  cautela – ha crecido la posibilidad de llegar a consensos políticos. No obstante,  disminuye el poder oficial que se asentara en el adversario (del nunca más al pasado, nunca más a la oposición). El rival se muestra débil, en reconstrucción; y por el momento ese asiento es una incógnita.

El riesgo país sigue alto, incide en el  acceso al crédito  y lo encarece. Cercano a los 500 puntos, más que duplica el costo efectivo del crédito de base. El último vencimiento en dólares no se logró pagar con  recursos del mercado voluntario, se recurrió a  acuerdo de Bancos. La renovación de la deuda en pesos se la resolvió con préstamos a tasas positivas, de hasta el 3,4 % con una inflación del 2,8% medida en el último mes. Las reservas netas siguen negativas, en U$S 14.100 millones según el FMI. No haber preparado a la  empresa local para la apertura económica la afectará, y a la ocupación.

El equilibrio fiscal, que no requiere financiar déficit, es frágil. Se lo ha logrado al eliminar, reducir o postergar gastos. En ejemplo, no se apoya la ciencia de base y se apreciará en futuro. Los gastos disminuidos han perdido  elasticidad para su continuidad. No se observa  igual acompañamiento en gastos de la política. Se elevan recursos para parlamentarios, funcionarios,  inteligencia, reservados y parecidos.

El superávit fiscal no requiere de emisión. Ausente el déficit, si se mantiene la producción  de bienes y de medios de pagos – en dichos del  Presidente – no debería existir inflación; sí reacomodamiento de precios. Mas la realidad es que la inflación sigue elevada. O no es correcta la información o no es correcto el concepto. Se la institucionaliza, porque todo está indexado excepto quebrantos impositivos. La reciente legislación sobre multas tributarias prevé la actualización anual de las mismas, de igual modo sucede con las tasas e impuestos determinados de oficio;  ello  retroalimenta el proceso. La paz cambiaria se asienta en la sobre posición en dólares en período previo a las últimas elecciones.

Demorada la promoción de la inversión privada en infraestructura, comienza a mostrar sus efectos limitantes. Del servicio o del beneficio de la propia obra y de la actividad económica directa e indirecta que genera. La economía real aún no ha logrado componer el recurso genuino que necesita el circuito o movimiento macroeconómico. Lo ha suplido al inicio con un blanqueo (recurso existente), luego con ayuda financiera (recurso externo); y ahora – nuevamente – en la búsqueda de la riqueza ahorrada; no con  nueva generada. Stock no flujo, salvo en el sector de hidrocarburos.

En síntesis la situación no está consolidada. El rumbo aún carece de certeza como se la difunde, aunque sería  un abuso exigirlo; porque el inicio era complicado y todo es cambiante. No obstante, también todo se puede hacer mejor para elevar la definición del devenir. La conducción económica – como todas  –  presenta un discurso de ilusión, de aliento, optimista, esperanzador. Así debe ser. Es deber de nosotros  acercar visiones que puedan marcar observaciones, en procura de  mejora o de ayuda. En conocimiento  que  no es igual opinar desde la comodidad de la platea, que desde el teatro  de la ejecución; en la realización, en el lugar del hecho y de la acción.

Ello no invalida la libertad de expresar una  opinión que no arroga verdad y que no todos conformaran.

Cr. Luis Alberto Dalcol,

Cuando se administran recursos públicos se pone atención a los problemas que  afectan a la economía, para disminuirlos o erradicarlos. Nuestra economía, en su generalidad, ha mostrado alguna mejora; mas  continúa en tensión. Para limitar el análisis a este espacio, solo se hace referencia a cuatro temas: el marco político,  el  riesgo país, la empresa local y la inflación.

Por la interrelación entre la política y la economía, no puede evitarse esta cuestión. El año pasado la ayuda de Trump  fue fundamental para superar la crisis previa a la elección de medio término.  Continúa la buena relación y el   apoyo anímico. No el aporte real, económico; se ha detenido por los  límites que impusiera  el Congreso americano. Por otra parte, en nuestro Congreso – con  cautela – ha crecido la posibilidad de llegar a consensos políticos. No obstante,  disminuye el poder oficial que se asentara en el adversario (del nunca más al pasado, nunca más a la oposición). El rival se muestra débil, en reconstrucción; y por el momento ese asiento es una incógnita.

El riesgo país sigue alto, incide en el  acceso al crédito  y lo encarece. Cercano a los 500 puntos, más que duplica el costo efectivo del crédito de base. El último vencimiento en dólares no se logró pagar con  recursos del mercado voluntario, se recurrió a  acuerdo de Bancos. La renovación de la deuda en pesos se la resolvió con préstamos a tasas positivas, de hasta el 3,4 % con una inflación del 2,8% medida en el último mes. Las reservas netas siguen negativas, en U$S 14.100 millones según el FMI. No haber preparado a la  empresa local para la apertura económica la afectará, y a la ocupación.

El equilibrio fiscal, que no requiere financiar déficit, es frágil. Se lo ha logrado al eliminar, reducir o postergar gastos. En ejemplo, no se apoya la ciencia de base y se apreciará en futuro. Los gastos disminuidos han perdido  elasticidad para su continuidad. No se observa  igual acompañamiento en gastos de la política. Se elevan recursos para parlamentarios, funcionarios,  inteligencia, reservados y parecidos.

El superávit fiscal no requiere de emisión. Ausente el déficit, si se mantiene la producción  de bienes y de medios de pagos – en dichos del  Presidente – no debería existir inflación; sí reacomodamiento de precios. Mas la realidad es que la inflación sigue elevada. O no es correcta la información o no es correcto el concepto. Se la institucionaliza, porque todo está indexado excepto quebrantos impositivos. La reciente legislación sobre multas tributarias prevé la actualización anual de las mismas, de igual modo sucede con las tasas e impuestos determinados de oficio;  ello  retroalimenta el proceso. La paz cambiaria se asienta en la sobre posición en dólares en período previo a las últimas elecciones.

Demorada la promoción de la inversión privada en infraestructura, comienza a mostrar sus efectos limitantes. Del servicio o del beneficio de la propia obra y de la actividad económica directa e indirecta que genera. La economía real aún no ha logrado componer el recurso genuino que necesita el circuito o movimiento macroeconómico. Lo ha suplido al inicio con un blanqueo (recurso existente), luego con ayuda financiera (recurso externo); y ahora – nuevamente – en la búsqueda de la riqueza ahorrada; no con  nueva generada. Stock no flujo, salvo en el sector de hidrocarburos.

En síntesis la situación no está consolidada. El rumbo aún carece de certeza como se la difunde, aunque sería  un abuso exigirlo; porque el inicio era complicado y todo es cambiante. No obstante, también todo se puede hacer mejor para elevar la definición del devenir. La conducción económica – como todas  –  presenta un discurso de ilusión, de aliento, optimista, esperanzador. Así debe ser. Es deber de nosotros  acercar visiones que puedan marcar observaciones, en procura de  mejora o de ayuda. En conocimiento  que  no es igual opinar desde la comodidad de la platea, que desde el teatro  de la ejecución; en la realización, en el lugar del hecho y de la acción.

Ello no invalida la libertad de expresar una  opinión que no arroga verdad y que no todos conformaran.

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