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25 de Mayo 1008

BENEFICIOS

ASOCIATE

Cr. Luis Alberto Dalcol,

En inicio, la palabra acuerdo tiene una connotación de beneficio. Porque acordar es resolver, convenir. Es  producto de una reflexión armoniosa, lúcida, madura, deliberada, que conforma a las partes. Es un consentimiento, una anuencia que favorece a  partícipes; es una conciliación.

Esa ha de ser la intención con la que se empieza y se arriba a un acuerdo. Desde el momento que comienzan las conversaciones hasta la oportunidad de su firma final para su habilitación. Luego la realidad confirmará, o no, lo que del acuerdo  esperaba cada parte; porque son cuestiones sobre operaciones futuras y existen imponderables que no se pueden prever. Inevitablemente habrá sectores  afectados, en beneficio y en perjuicio, de ambos lados.

No obstante la reserva  expuesta, un acuerdo siempre debe ser bienvenido, porque abre una alternativa a explorar, cuya base se ha conformado con la realidad presente. Siempre existirá el corrector sobre desajustes que perjudiquen. Es esperanzador, porque un acuerdo presume una disposición de interacción. La inacción o su antónimo, el desacuerdo, no tiene ninguna alternativa de provecho. Obviamente, en sumatoria, debe ser de equilibrio y de utilidad para ambas partes.

Nuestro país, históricamente, ha acordado en bloque en la región en tres oportunidades. Primero fue la creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio en 1960, luego le sucedió la Asociación Latinoamericana de Integración en 1980 y por último el vigente Mercosur en 1991, con resultados  positivos, aunque menores a los esperados.

Ahora el Mercosur y la Unión Europea están en desarrollo de un concierto que se ha detenido temporalmente por algunos países de la comunidad europea que se sienten inquietados. El convenio con E.E.U.U. asoma más avanzado aunque su implementación requerirá de tiempo. No es en bloque, es entre países que actualmente tienen una buena relación política. Se creía  poco probable un tratado con el país del norte atento a la similitud de sus  economías, mas se anuncia que se ha logrado un acuerdo posible.

En ambos casos asoma una ventaja, y es que tanto E.E.U.U. como Europa aportan un mercado consumidor mayor, con ingresos “per cápita” superiores. Excepto en commodities, nuestro país no tiene  vocación exportadora – es uno de las naciones que menos exporta en la región – posiblemente por la inestabilidad de su economía interna. Aquí se abriría una oportunidad que luego se verá su posibilidad de realización y continuidad. El tratado es comercial y de inversiones.

Adelantar resultados es azaroso. No obstante,  incrementar el comercio internacional balanceado, reportará mayor volumen y ampliará la  actividad económica. De igual modo  puede originar inversiones externas para explotar recursos  naturales  que no están en aplicación. Nuestro país tiene un mercado de capitales muy reducido en relación a sus bienes explotables. El aumento de la economía, en el sector de la producción,  de la industria siempre es de beneficio. Aumenta el circulante y disminuye la relación del costo burocrático estatal con el PBI. El intercambio económico no solo genera mejores productos y mejores precios; incrementa conocimiento, cultura, participación, integración.

Lo aquí expuesto son  generalidades conceptuales. No se conoce la letra chica de los acuerdos ni el devenir del mundo económico, mas en principio todo aquello que eleve la actividad, crea nuevas posibilidades. Muchas de ellas dependerán de la activa participación del operador interno.

En economía no se regala nada; la búsqueda del incremento  posibilita desarrollo, su debilidad – por pasividad – no ofrece alternativas de progreso ni de movilidad social.

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