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25 de Mayo 1008

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Cr. Luis Alberto Dalcol,

La relación demográfica y la producción de bienes y servicios, ha sido motivo de atención a lo largo de la historia. Aquí se destacan dos visiones  distorsivas que afectaran mucho a la humanidad,  separadas  en el tiempo en casi 200 años. En culturas distintas y en distancias físicas  alejadas como la que existe entre  Gran Bretaña y China.

La población  trata de  seres humanos, y  tomarlos como variable de ajuste no tiene posibilidad de análisis alguno. Se la acercan como propuestas increíbles y fallidas.Una fue teórica, de investigación, de ideas presentadas;  la otra fue experimentada, aplicada. Ambas visiones, obviamente, no resultaron. Fracasaron. Esta nota quiere destacarlas para evitar su repetición futura.

LA PROPUESTA TEORICA

La primera reconoce su autoría en el investigador Thomas Robert Malthus (1766-1834), un clérigo anglicano erudito que se dedicó a la economía; y, que se lo conoce – mayormente – por su teoría demográfica que lleva su nombre: “malthusiana”. Basado en datos de Gran Bretaña, en cuanto a que la población se duplicaba cada 25 años, propuso su teoría que se sintetizaba en afirmar que: “la población crece en progresión geométrica y los alimentos en progresión aritmética”.

Este principio de que la población se duplicaba en cada generación y la producción lo hacía solo en forma constante  avizoraba una “hambruna” que generó angustia y desánimo en los ciudadanos. La realidad transformó esta propuesta teórica en una enorme falacia al no valorar el desarrollo de la eficiencia en la producción de los alimentos. Estos tiempos nos relevan de  cualquier comentario  sobre su notable fragilidad e inconsistencia.

LA PROPUESTA PRÁCTICA

La otra experiencia no es teórica, fue advertida y padecida. Nuestra generación la ha podido ver en todo su desarrollo, incluido su colapso. Sucedió hace poco tiempo en la República Popular China. Se la comienza a aplicar en el año 1979. El mencionado país, de régimen  político socialista planificado y de economía con base capitalista, tenía problemas en atender los servicios públicos a cargo del Estado por su inmensa cantidad de población. En respuesta al problema,  el Partido Comunista Chino que lo ordena todo, no pensó en la producción; pensó en la población. La solución fue bajo la premisa: “a menor población  menor cantidad de servicios públicos a prestar”. En consecuencia todo se  comprimía en disminuir la cantidad de habitantes a servir.

Así, en violación a los derechos humanos y reproductivos, implantó la política del “hijo único”. Las familias ya no podían tener más de un hijo. Se controló la natalidad en forma económica con multas y castigos por el hijo nacido excedente. En consecuencia se eliminaron hermanos y tíos. Se desvalorizó a la mujer, hubo infanticidio de niñas. En poco tiempo se produjo el desastre demográfico  previsible. Originó un crecimiento negativo inevitable. Hubo más muertes que nacimientos. Dejó de ser el país más poblado del mundo.

China tardó 36 años en darse cuenta parcialmente del enorme error. En 2015 elevó el mínimo a dos hijos. Esta inhumana decisión se calcula que evitó el nacimiento de unas 400 millones de personas.

La República Popular China con una población envejecida, ahora incentiva la natalidad; unifica las 56 etnias internas y promueve el matrimonio heterosexual entre ellas.

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