Cr. Luis Alberto Dalcol,
Sabemos que el distintivo esencial de toda empresa es manejar riesgos. Siempre se intenta conocerlo, cuantificarlo y prevenirlo. Existe en el trance del propio proyecto; y existe en la inseguridad externa a la empresa, que deriva de las condiciones en la jurisdicción de radicación de la inversión. A este último peligro se lo conoce como riesgo país. En la actualidad nuestro país no ha alcanzado a reputar – siquiera – de plaza emergente.
Las agencias Moody´s, Standard & Poor´s, Fitch se dedican a calificar y cuantificar dicho riesgo y proveer esa información a los inversores. Asimismo el banco de inversión y de servicios financieros J. P. Morgan Chase elabora el índice EMBI, que es el más utilizado para las inversiones extranjeras en nuestro país.
A la comparación entre los rendimientos de los bonos nacionales con los títulos emitidos por el Tesoro de los E.E.U.U. que se reflejan en los mercados financieros, se le agrega la información local; principalmente económica, política e institucional. Se construyen escalas, desde la cumbre de la triple A al piso de la exclusión y al peregrinar por lo especulativo.
El citado EMBI, que elabora el banco Morgan, es muy práctico. Resume en un solo índice la información recogida, a la que denomina puntos básicos. Diariamente se los publica en las bolsas. Ese único dato da cuenta del grado de riesgo para las inversiones extranjeras en cada país.
El riesgo se paga, en el costo del préstamo – que es el interés – o hasta en la negativa del préstamo. Por cada 100 puntos básicos implica una sobre tasa del 1 %. Si el riesgo país mide 600 puntos básicos se carga a la tasa nominal vigente el 6 % más. Es una información que goza de mucho prestigio y reputación; es reconocida y muy usada. No es cuestionada y se la referencia con normalidad y consistencia. Es práctico, en una solo cifra calificar el riesgo y el sobre costo del crédito.
Así, en llaneza, de un elevado riesgo país, deriva un mayor costo del endeudamiento soberano; en la renovación de la deuda existente y en la ampliación de la misma. O, en la exclusión del mercado voluntario de préstamos – y por ende en una menor inversión externa recibida – si la calificación excede los parámetros y límites predeterminados. La probabilidad de incumplimiento del Estado tiene una incidencia fenomenal en la inversión extranjera. La que genera e incide en forma directa, en los puestos de trabajo y en la producción. Las compras de dólares del B.C.R.A. no se pueden mantener en reserva, porque en los vencimientos no se accede a préstamos, y se deben destinar al pago de intereses.
Nuestro país lucha con su historia, contra sus antecedentes, que se manifiesta en acumular nueve incumplimientos explícitos. Es decir no cumplir, no pagar. Algunos de ellos festejados en el Congreso. Se han hecho quitas, se han alargado plazos. El abultado riesgo país y el default nos desplazó del mercado en repetidas oportunidades. Es la causa de la elevada generosidad del RIGI (Régimen de incentivos para grandes inversiones) para contrarrestar y compensar apuros y atraer la inversión externa.
El riesgo país bajo es necesario, no es suficiente, existen países con niveles reducidos e igualmente con graves problemas en la inversión. Resulta imprescindible para encausar la economía en el mundo y seducir el ingreso de capitales.
Porque invertir en plazas de alto riesgo, aparte de encarecer el crédito, es trasladar el negocio de su basa racional al asiento quimérico y fantasioso.
Nuestro riego país es muy elevado, la intención a su reducción debe ser de objetivo permanente. Se logrará cuando nuestros compromisos se cumplan en forma normal y repetitiva, cuando se respete la institucionalidad y cuando la posición de reservas netas alcance un volumen positivo acorde con la evolución de su economía.
