Cr. Luis Alberto Dalcol,
Lecturas sobre el tema y tres contactos relacionados, hacen a esta breve reflexión. El primero, de ligero diálogo, con el entonces Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica Dr. Carlos Castro Madero (1927-1990) en visita a nuestra ciudad para su conferencia en el salón de Cooperativa Eléctrica, invitado por Corporación del Desarrollo. La segunda, de asistencia, con alumnos de Economía I del Profesorado de Ciencias Jurídicas y Contables O. V. Andrade a la planta nuclear de Atucha I, quince días previos a la carga de las barras de uranio y cierre de cúpula. El tercero de asesoramiento, en incumbencia profesional, a empresa local que proveyera servicios metalúrgicos para la central nuclear de Embalse Río Tercero en Córdoba.
El desarrollo tecnológico de la energía nuclear Argentina recaló en responsabilidad de la Marina (1950-1983). Asumió el compromiso con idoneidad, competencia, sigilo y apartado de todo objetivo bélico. Fue reconocida en todo el mundo. En ejercicio de la presidencia del mencionado Dr. Castro Madero – militar y doctor egresado del Instituto Balseiro – se desarrolló el enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu, provincia de Rio Negro.
En la visita a la central Atucha I (1974) y en la fabricación de estructuras metálicas para Embalse Río Tercero se pudo valorar las rigurosas medidas de seguridad que rodean la actividad nuclear en nuestro país. En el primer caso, informados por técnicos, de todos los recaudos que requiere la construcción de un reactor nuclear y el sistema de refrigeración, que ayuda su instalación sobre el Río Paraná, por su circulación hídrica interna. Rigurosos manuales de mantenimiento. De conducta, que indican severas limitaciones para operarios, en resguardo de su integridad. Sobre el orden observado, este espacio y la reducida formación del narrador son restrictivos para extenderse en este punto.
En la fabricación metalúrgica específica – encargada a la empresa de nuestra ciudad Ejecutora de Obras S.R.L. – debieron superarse tres auditorías técnicas; incluidas de rayos. Principalmente sobre soldaduras, pues sobre el material utilizado ya venía con las certificaciones originales correspondientes.
Hablar solo de la C.N.E.A y de la excelencia del Instituto Balseiro y no mencionar a Invap y NASA (Nucleoeléctrica Argentina), sería cuanto menos ingrato. Es importante recordar que el responsable de la O.I.E.A. encargado de controlar a 190 países que pertenecen al Tratado de No proliferación Nuclear es argentino, el Dr. Rafael Grossi. En plena guerra de invasión de Rusia a Ucrania, es recibido por los líderes de ambos bandos, con resultado exitoso en el diálogo posible.
Nuestro desarrollo nuclear es de élite mundial, principalmente por los recursos humanos formados. La capacidad técnica argentina es de avanzada en proveer ingeniería de base, de construcción y en cadena de insumos. La empresa Invap ha patentado el desarrollo de reactores modulares pequeños, que han sido validados en E.E.U.U.. El objetivo ahora, es su fabricación en nuestro país, y que se exporten. Que no se venda patente o diseño y se explote en el exterior. Para ello se necesita inversión de grandes capitales en nuestro país. Nuestros técnicos aseguran que estos reactores pequeños desplazaran a los reactores grandes, de uranio enriquecido y de agua liviana. Está en estudio la construcción de una cuarta central nuclear en nuestro país.
El problema del residuo nuclear es un asunto no resuelto en su totalidad, esperanzado en que la ciencia aporte la adecuada solución. En Alemania, cuando se abandona la energía de base nuclear (por el accidente de Japón) y se pasa a la eólica, se arregla una compensación por 2.400 millones de euros para procedimientos de tratamientos, resguardos y custodia de los deshechos. Ahora aparenta que nuevamente se regresa a la energía nuclear.
Nuestro país ha dado muestras de sobrado compromiso en investigación. En constructiva, de mantenimiento y de operatividad; resta resolver el vestigio natural que presenta la actividad atómica, y que reviste de importante.
