Poco tiempo, pocas luces

Puede resultar prematuro analizar la administración nacional a menos de un bimestre de asumir responsabilidades. Aunque en nuestro país se atenúa esta imprudencia en razón que, la luna de miel es cada vez más corta y en un período de 48 meses de mandato los primeros meses revisten mayor importancia que los últimos.

Puede resultar prematuro analizar la administración nacional a menos de un bimestre de asumir responsabilidades. Aunque en nuestro país se atenúa esta imprudencia en razón que, la luna de miel es cada vez más corta y en un período de 48 meses de mandato los primeros meses revisten mayor importancia que los últimos. Por otra parte, antes de iniciarse la gestión, existe un tiempo preparatorio - de estudio previo - que extiende el plazo de comienzo. Desde las PASO transcurrieron más de cinco meses.

El gobierno - emergencia mediante - acomodó los poderes de la República al interés de su administración. Tomó ingresos de jubilados que superan la remuneración mínima, e ingresos del campo y de la clase media.

En economía se continúa sin plan y sin conductor. Se habla de crecimiento direccionado al consumo interno. “Poner más plata en la gente” no es reparar poder adquisitivo. Cuando el nivel de precios supera el de los ingresos no existe mejoría.

Nuestra repetida historia económica hacía presumir conocimiento de la situación y de su solución con ideas renovadoras y creativas que estabilicen y seduzcan el trabajo, la creación de bienes y de servicios.

 

Crecimiento e inversión

 

No se acomete el cepo. Con restricción cambiaria no hay inversión, ni incremento de actividades, ni comercio externo consolidado.

Sigue la técnica de la prueba y error -eufemismo de la improvisación- que atenta consumir sacrificios y tiempos dispuestos. Permanece el gradualismo.

No se explicita un programa integrador al que se alineen las medidas aisladas. La actividad privada, principal invitada a la contribución, espera el aporte del Estado en su dimensionamiento de gastos y en la nitidez del rumbo elegido. Faltan definiciones del rol del Estado. La deuda distrae lo principal. Aparenta que primero debe existir un plan, del cual los acreedores crean que nuestro país pueda cumplir su propuesta.

No se logran separar las reglas de la economía del juego político y judicial.  Los discursos de ambas minorías extienden su discordancia con reproches recíprocos.

 

Luces y esperanza

 

La luz ha sido poca pero fuerte. Sin emitir valoración sobre la misma, la imposición de la inmovilidad jubilatoria (que posiblemente revise la justicia) se ha alcanzado en un marco de aceptación general y de paz social realmente sorprendente que demuestra capacidad de gestión. Al momento no se ve luz al final del túnel, sino varios túneles y pocas luces.

Nuestro pasado alimenta la ansiedad, mas la esperanza está intacta -el tiempo transcurrido es breve – y se la aguarda en acuerdos de toda la dirigencia sobre cuestiones básicas de objetivos comunes con distribución de sacrificios de manera equitativa enmarcado en un plan integrado con variables económicas firmes que induzcan a la ocupación y al crecimiento.

 

(*) Luis Alberto Dalcol es contador público nacional.

Diario El Argentino 02/02/2020

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