ALERTA CON EL RUMOR

Cuentan que fallece un hombre acaudalado que explotaba minas de oro. Llegado al cielo reclama el lugar especial asignado a los empresarios de su sector. Quien lo atiende le pide disculpas y le comenta que no existen más plazas, que está todo completo. Se ha iniciado la construcción de un nuevo pabellón. Una ampliación. Inevitablemente deberá ir al infierno. Preocupado - razona - y a los pocos minutos le pregunta al encargado sí le permite hablar con sus colegas, con los otros hombres ricos y poderosos que estaban en el cielo.

Cuentan  que fallece un hombre acaudalado que  explotaba minas de oro. Llegado al cielo  reclama el lugar especial  asignado a los empresarios de su sector. Quien lo atiende le pide disculpas y le comenta que no existen más plazas, que está todo completo. Se ha iniciado la construcción de un nuevo pabellón. Una ampliación. Inevitablemente deberá ir  al infierno. Preocupado - razona - y a los pocos minutos le pregunta al encargado  sí le permite hablar con sus colegas, con los otros hombres ricos y poderosos que estaban en el cielo.

El mayordomo le dice que sí, que no había problemas, e inmediatamente va para allá. Reúne a todos sus cófrades. Luego de saludos y comentarios de hábito culmina: “¡ ah ¡, les comento lo que oí : parece que se descubrió oro en el infierno”.

Se va nuevamente  junto a quien lo había recibido, duerme en la entrada, y pasado un par de  horas lo despiertan y le dan la gran noticia de que podía ir al cielo porque los que estaban allí se habían ido al infierno en busca de oro. “Bueno, que alivio, ahora puede elegir el lugar que quiera porque está todo vacio”, le expresa el encargado.

El recientemente fallecido le agradece, pero le dice que no, que ya no quiere ir  al cielo; que se va para al infierno y le acota: “no vaya a ser que el rumor sea cierto”.

RUMOR Y ECONOMÍA

Este  relato del cuchicheo (y avaricia), que tiene efectos en boca de su propio autor (ya que lo elije ante la realidad del cielo) es una gráfica - algo exagerada - del poder del susurro; que está muy cerca de la sensación y que llega a crear o modificar la realidad. El rumor, que el diccionario reconoce como la voz que corre entre el público - en la práctica - asemeja a un modo de comunicación. A un mensaje, a un aviso. En lo económico, es innegable la incidencia que provoca; pues  genera o apaga negocios supeditado a la recepción (o convencimiento) de aquel a quien va dirigido, principalmente por el grado de confianza  que se le dispense. En estos tiempos se habla de economías narrativas, de economías del comportamiento. El avance de la conectividad en  red facilita divulgar versiones y  formar conductas acordes a la credibilidad que provocan.

VALORES Y DEBILIDADES

La habladuría crea valor  de lo imaginario o deteriora  la cotización de lo existente. Difama o afama con similar vigor. La celeridad, el vértigo atentan contra la verificación sensata  y con la mesura. Posiblemente, la lasitud del rumor esté en su permanencia; pues aparenta de efímero, temporal, inconsistente, que tiene la vida limitada. Aunque no se lo debe desestimar, en determinadas circunstancias, se sobrepone a la realidad por el soporte de sus confiados. La velocidad de los cambios le favorece pues todo se vuelve instantáneo.

En consecuencia, alerta con el rumor.


Cr. Luis Alberto Dalcol

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