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25 de Mayo 1008

Cr. Luis Alberto Dalcol,

En los tiempos actuales los impuestos gravitan cada vez más fuerte en los negocios. Las finanzas y la inflación, reflejada en el alto costo del dinero y en el deterioro del poder adquisitivo de la moneda, ayudan a agravar la situación.

El diferente manejo de las existencias de los bienes de cambio o  las alternativas de compras,  alquileres o leasing en los bienes de uso produce  desigual incidencia en cuestiones impositivas y financieras.

En asunto de gravámenes – y en el orden nacional – el impuesto al valor agregado y el impuesto a las ganancias  son los de mayor significación. Entre ambos y al finalizar los negocios – en el juego de los recursos – toman alrededor del 50 % de los fondos.

Cada negocio presenta circunstancias distintas y deberá analizar la decisión que  resulta más adecuada a su situación particular. Exige agudizar el ingenio y la destreza para que, en el marco del cumplimiento de la obligación fiscal, se atemperen los perjuicios.

A MODO DE EJEMPLO

Cuando por distintas circunstancias – ya sea por retenciones, pagos a cuenta u otras acreditaciones similares  – se genera en el IVA un saldo a  favor  de manera continua;  financieramente, se crea  un  gasto implícito pues no existe  posibilidad de usar  ese activo fiscal nominal. Es un crédito que pierde su valor en forma permanente.

Para el responsable inscripto, en principio, recordemos que no representa un costo porque  acredita lo facturado en sus compras contra los débitos de las ventas realizadas en cada determinación mensual.

En el caso antes ideado,  una alternativa a evaluar que podría mejorar el panorama es  la siguiente. Conseguidos precios netos similares,  de los bienes o servicios a comprar,  cabría pensar en cambiar (o mezclar)  – temporalmente –  proveedores inscripto como responsables en  IVA por proveedores del régimen simplificado para pequeños contribuyentes (identificados como monotributistas).

En dicho caso el IVA no se va a discriminar en la facturación, se pierde; y aquí sí, – incorporado en el precio –  integrará el costo del producto. De esta manera no incrementará el saldo a favor del IVA porque no se pueden acreditar importes no detallados, en un saldo que se presume se desvaloriza de continuo. Al  tiempo que  aumentará el costo computable en el impuesto a las ganancias y disminuirá la base imponible permitiendo así bajar su determinación. 

Impuestos,  finanzas e inflación pueden conjugar para aliviar – en partes – posiciones estacionales adversas en el manejo de  recursos.

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