Cr. Luis Alberto Dalcol
La enseñanza formal presenta distintos niveles de aprendizaje: primaria, secundaria, terciaria, universitaria, post grados. Cada una de ellas es progresiva y ayuda a incorporar nuevo conocimiento. El trabajo también es un aporte importante. Lo apreciamos en los más variados, incluso en el ejercicio del Poder Ejecutivo.
Nuestro Presidente es economista. Ha practicado la noble tarea de la docencia para transmitir su saber conocido e incorporado. Entre el desarrollo previo a su actual investidura y la praxis de su mandato, se ha observado que su trabajo también le ha agregado nueva noción y comprensión. Ha evolucionado ideas y cambiado a otros conocimientos no tenidos en cuenta.
Aquí, solo se harán referencias a dos cuestiones básicas, que algunos, con menos formación creíamos erradas. Se identifican en el valor de la moneda y en las reservas del banco central.
En campaña, y en inicios de la dignidad de su trabajo maltrató a la moneda local, al peso argentino. Lo calificó, o mejor dicho descalificó con el término semejante a deposición. Mote infamante. Degradante expresión que, en otros términos, fuera compartida por economistas de renombre. Más allá de su remoquete, su intención era anularla. Reemplazarla. En consecuencia ofrecía diversos planes de dolarización. Esto es cambiar nuestro signo monetario por el de otro Estado, renunciando a su recomposición, a regular la oferta y demanda monetaria y a toda política monetaria interna; y supeditar el valor de la unidad de medida a otras decisiones o soberanía. Fue un eje en su cruzada política. En igual, otros destacados economistas aceptaban esa idea.
Con las reservas se hicieron manifestaciones parecidas, que no eran necesarias. Análogo a la moneda, por incapacidad de presentar un programa de fortalecimiento, se desdeñaban. No eran importantes. No se reconocía que son el principal respaldo de fortalecimiento que pueda presentar una economía para mostrar solidez, para hacer frente a imponderables que recurrentemente presenta dicho ámbito; y que, los operadores económicos aprecian y ponderan considerablemente antes de hacer sus inversiones locales.
En el ejercicio del poder de Estado nuestro Presidente ha hecho un post grado en economía. En hora buena, ha incorporado la virtud en el concepto de moneda propia, constante, reconocida. El proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina va en camino de ello, tiene ese nítido sentido. Era impensado, ante la solución propuesta de usar el dólar estadounidense.
En la actualidad, el objetivo de incrementar las reservas y limitar sus transferencias espurias es un adelanto que no estaba anunciado ni planificado. Aparenta que se muestra un nuevo acuerdo al elevar el monto de respaldo que proporcionan las reservas. No las constituidas con endeudamientos, que no deberían llevar el nombre de reservas; sino las adquiridas con recursos propios. Compras hechas con fondos que genere la economía real y local, en la actividad global.
Es un gran avance. Obviamente quedan otros propósitos pendientes. Uno de ellos es poner en agenda la creación de un fondo anti cíclico – hoy imposible – como una proyección futura que cubra la aparición de cualquier cisne, sin importar el color de su plumaje.
Porque el imprevisto es normal y cierto, y para ello hay que estar precavido, anticipado; basta recordar la sabiduría que encierra la frase ya dicha: “estar preparado es ganar media batalla”.
