Cr. Luis Alberto Dalcol,
La sospecha es una imaginación que provoca una apariencia, una conjetura, un indicio. Es el presentimiento, el pálpito o la desconfianza de que algo oculto o raro ocurre.
Se sospecha cuando existen contextos o circunstancias objetivas; idóneas para generar una duda razonable, sensata y prudente aplicable a una cuestión en proceso o desarrollo. Si la sospecha no es argumentada, si es creada o intencionada, no es una sospecha: es un agravio o una injuria.
La actuación de la política y de la justicia está en continuo estado de sospecha. En su faz interna y externa. Su accionar proporciona motivos, trazas. Como que al hecho se lo presenta de forma acomodada a un interés predeterminado. Que el suceso o el acto no corresponden a la realidad; que está modificado o narrado de forma tendenciosa.
El incidente o acontecimiento aparenta que recibe un maquillaje previo para que la forma de presentación de la información no demuestre la intención o finalidad buscada. Una ingeniosidad más que una correspondencia con la ocurrencia cierta.
La sospecha produce un estado incómodo, de descreimiento; sin saber si lo expuesto es o no es lo que se manifiesta.
Cuando esta situación es esporádica, ocasional aparece de natural. Cuando es recurrente, repetida, permanente se transforma en una conducta perniciosa. Peligrosa, insana, que no favorece la convivencia. Vivir en estado de sospecha no es objetivo deseado ni entorno propicio que proporcione beneficios.
Se debe procurar salir de esa situación, que es de debilidad, que es enfermiza; de desconfianza e incredibilidad sobre la que no se puede progresar ni planificar en certezas. Que desconcierta, intranquiliza y perturba.
La sospecha sobre el hecho se transforma en convicción con la prueba irrefutable. La sospecha va a esa raíz que es la probanza y entonces se vuelve al valor de la nobleza, de la buena fe que siempre responden, que nunca fallan y sobre las que se puede hacerse pié, basa o fundamento.
Tener una actitud crítica es tener un filtro, una protección para verificar la consistencia y licitud de la sospecha y poder considerarla como indicio de ocurrencia cierta.
No se acercan ejemplos de hechos en sospecha porque abundan. Son demasiados. De todas partes, de los menos imaginados. Son reales y nos recuerdan la debilidad humana.
La sospecha es antónimo de confianza, seguridad; atributos que sí, habilitan y permiten el escenario o ámbito adecuado para el tránsito social armonioso y conviviente en el que se pueda desarrollar pensamientos virtuosos.
Delimitar prontamente y escapar del estado de sospecha debe ser el empeño primordial a conseguir.
