Cr. Luis Alberto Dalcol,
El pilar económico del actual gobierno es el equilibrio fiscal. Es lo elemental de toda administración pública o privada, no componer déficit; pues en contrario se afecta la lógica de la continuidad, del desarrollo futuro.
Transitando en déficit no hay otra forma de abordarlo que elevar ingresos y disminuir gastos. La administración aduce que ha alcanzado el superávit. Sabemos que es más o menos cierto, lo es con algunos atajos o descuidos de importancia. Por lo tanto, es frágil; es de caja, no devengado y traslada costos hacia adelante. Era evidente el ajuste en gastos. Menor, también debió serlo en ingresos.
Se empezó por lo más débil, jubilados, empleos públicos y se detuvo en quienes tenían fuerza para oponerse. Las maneras de abordar las reformas previsional y laboral no han resultado exitosas.
Las medidas tomadas no han reavivado la microeconomía. Han forjado baja en la ocupación formal, disminución de salarios y reducción de consumos que originan una parcial paralización de la actividad económica.
En regreso a los ingresos públicos, se incrementó la informalidad y disminuyó la recaudación. Informalidad es evasión interna. La apertura al exterior, por los canales existentes o los devenidos del comercio digital, incrementó la oferta con mano de obra extranjera. En muchos casos, en condiciones de contrabando – que es evasión externa, y que compite en desigualdad con el comercio local. Reduce doblemente los ingresos para consolidar las cuentas públicas.
Los blanqueos y sus disfraces de regularizaciones, inocencias y similares han impulsado la conducta del incumplimiento. Se la sigue fomentando. A esa falta de control fiscal se agrega el control judicial que hace impune la corrupción, lo que es comercialmente contra competitivo y desayuda al equilibrio fiscal.
El riesgo país es el termómetro. Ronda los 400 – 500 puntos, encarece el doble la tasa normal del endeudamiento. El colchón de resguardo privado se va a reincorporar cuando exista confianza, no cuando se le indique o incentive como se pone maíz a las aves. El hombre económico es sensible, tan sensible o “vivo” como los ministros y funcionarios. Es raro que con sus recursos no hagan lo que proponen y no oficialicen sueldos y paguen impuestos sobre ellos.
El crecimiento desbalanceado de la economía no es bueno. Es bueno que se genere dólares de exportación en minería, mas no es suficiente. No genera trabajo, es rengo. Descuida el empleo, y asoma el problema de la familia, de la sociedad. El incentivo fiscal disminuye el sostenimiento del Estado y agrega mayor carga para el no beneficiado.
Los incentivos fiscales deben tener un condicionante ocupacional o de producción local de los recursos naturales extraídos. Es más beneficioso exportar productos con energía que energía sola, con el producto va la mano de obra y todo lo que integra el valor agregado al commodity.
En resumen debe irse por el equilibrio fiscal legítimo y equilibrado que ayuda a bajar inflación, por el incentivo a la producción local de las materias primas exportables, por el control del contrabando en importaciones. Todo origina empleo, ocupa, y no disminuye la actividad económica. Ese debe ser el principal objetivo nacional.
