fbpx

secretaria@cdci-gchu.com.ar

+549 3446 424513

w

+549 3446 379208

25 de Mayo 1008

BENEFICIOS

ASOCIATE

Cr. Luis Alberto Dalcol,

Santo Tomás de Aquino marcó un límite. Al pie del patíbulo y al subir al cadalso expresó: “Os pido que me ayudes a subir sano y salvo; para bajar no tenéis más que soltarme y ya me encargo yo solo”.  San Lorenzo – condenado a morir asado en una parrilla – dice: “Dadme vuelta, que por este lado ya estoy hecho”; y San Bartolomé – en proceso de ser desollado – aguantó rezando hasta el final.

Sócrates, según relatan sus allegados, se fue con enorme coraje. Aceptó la justicia, que en realidad estaba más ajustada a lo que habían hecho sus seguidores que a su proceder real. Pues, en su mayéutica – pedagogía del conocimiento – solo preguntaba y reflexionaba. La particularidad es que  iniciaba – en la ignorancia –  la filosofía que estaba más cerca a la vida del hombre que a la naturaleza. A su ética y  valores, y eso molestaba al poder. Su fin no tuvo humor, sí dialogo. Hasta el momento de su último acto que le marcó el destino,  beber la cicuta, platicó con calma con sus discípulos como había hecho en su vida.

Muy por debajo de estas enterezas ligadas a la última etapa, es interesante reflexionar sobre el coraje y el humor que se presenta antes, en distintas situaciones de la existencia. Son recursos humanos que aportan equilibrios a las emociones. El coraje es valor. Es arrojo, valentía, ímpetu frente a una decisión que requiere de esfuerzo y de ánimo. El humor es un carácter que denota gracia, chispa, ironía, ocurrencia; que se manifiesta exteriormente. Ambos conforman una unión o mezcla muy fuerte. De arranque e intrepidez y de alegría y elegancia. Es de simpleza su expresión y de  bravura su acción. Son palabras que dialogan con belleza y en profundidad.

Nuestro comportamiento necesita de ambas virtudes. Para enfrentar el día a día con temple para lo que venga; y para  sembrar el optimismo. En  ayuda, desde el comienzo, con la buena disposición y el alto ingenio.

El coraje supera – o excluye – las emociones opacas. No huye, y enfrenta las situaciones difíciles. Se apoya en  causa noble y genera  la estima y la autoconfianza que subyace en cada uno. La despierta y la eleva.

El humor divierte, alegra y le suma al coraje la baja de la dramatización; que en oportunidades nubla y obstaculiza la salida, el procedimiento. Posiblemente el coraje esté ligado a la consciencia. Se usa esta palabra en lugar del alma para respetar a Einstein, que por científico  no podía “creer”, sino (excepto, pero) “saber”; o no podía “creer”, sí “saber”. Así, aceptaba  la consciencia como no perteneciente al cuerpo y que no terminaba con la muerte. Para él, Dios de existir, era la inteligencia que manejaba el universo. Y así, obviamente, creía. Era su forma de creer. Por otra parte, en una carta a otro Nobel,  escribe: “Dios no juega a los dados”.

El avance de la física, en su mayor hipótesis, expone que todo lo ha suceder ya está escrito, que el hombre  solo lo va descubriendo.

Precisamente ello, tal vez, pueda justificar –  o ayudar a comprender – el coraje de los hechos de los humanos expuesto al inicio; que ya hubiesen tenido arraigada en su consciencia (en cuanto a conocimiento)  la existencia de la continuidad divina. Aún  – en algunos – en duda o  ignorancia.

Compartir esta nota